En el clickamino tenemos (¡somos muchos!) entre manos y en el corazón un proyecto tan ambicioso como necesario.

La mayoría de las causas de malestar a las que nos enfrentamos (estrés, depresión, adicciones, abusos, violencia, relaciones de dependencia…) se pueden prevenir en gran medida desde la perspectiva de la educación emocional.

No hace falta ponerse en situaciones extremas: el día a día es a menudo para muchos un desafío constante a la calma, la paz y la libertad. Educar personas más conscientes y responsables revierte, además de en su bienestar, en el de la comunidad y el entorno en los que conviven. Este proyecto, que aspira a ser de todos, tiene como fin último contribuir al bienestar global.

El amor es el medio; el sentido, la libertad.

Para hacerlo necesitamos cultivar básicamente dos cosas: la autoestima y la autoconfianza para querernos y creernos humildemente dignos de la felicidad.

Hacer el click va más allá de jugar con muñequitos: consiste en reconciliarse con las emociones y la comunicación. Por pequeño que parezca, todo gesto contribuye a una gran reevolución.

La única revolución posible es la del corazón.

Las emociones y la comunicación condicionan todo lo que nos pasa. Al entender cómo funcionan y aliarlas en la práctica, nos concedemos un poder inmenso: el de decidir sobre nuestras vidas con más seguridad y confianza.

Ambos elementos son clave para desarrollar la autonomía emocional, que cuando falta se traduce en relaciones de dependencia, de malestar y de incoherencia: de dependencia emocional —lo opuesto a la autonomía— con las personas, las situaciones y cualquier «droga»; de malestar respecto a nuestro cuerpo, a menudo, y a cómo nos sentimos por dentro, y de incoherencia entre lo que pensamos, lo que sentimos y cómo actuamos.

La libertad y la responsabilidad van de la mano en el camino del bienestar.

Tomar conciencia de lo que no funciona y cambiarlo en profundidad es el único modo de mejorar, como personas y como sociedad.

Hacerlo por medio de nuestra propia historia y de lo que hemos aprendido de ella fomenta la responsabilidad: nos convierte en protagonistas del relato de nuestra vida y nos invita a reconocernos como lo que somos, a hacer de cada paso un logro y a compartirlo para aprender y acompañar.

La historia del clickamino es un ejemplo de ello. Disfrútala.